El TDAH. Colaboración necesaria entre profesionales

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) se puede combatir con tratamientos muy eficaces. Se puede diagnosticar a partir de los 4 o 5 años de edad en los casos más graves. La colaboración de padres y profesores y la mejor formación de los profesionales médicos en la especialidad de psiquiatría infanto-juvenil, son cruciales para mejorar tanto el diagnóstico como la atención al TDAH.

Se calcula que un porcentaje que ronda entre el 3% y el 5% de la población en edad escolar sufre TDAH. A partir del quinto año de vida, se produce el desarrollo de una gran cantidad de sinapsis (conexiones neuronales) en el cerebro y una maduración del sistema nervioso central. Gracias a ello, poco a poco, se adquieren habilidades de autocontrol, la capacidad de atención mejora y muchos síntomas del TDAH disminuyen. Hasta el 70% de los TDAH desaparecen en la edad adulta. Es una patología muy determinada biológica y genéticamente y, a diferencia de otras, como la ansiedad o la depresión, que están condicionadas por los estilos de vida, la interacción con las familias y patrones educativos, es menos susceptible al cambio.

La prevalencia genética del TDAH, es mayor en varones. Esto es, más niños que niñas, nacerán con TDAH.

Esta enfermedad puede mantenerse en la edad adulta, pero nunca empieza en ella. No surge de repente, a los 17 o a los 24 años. Se desarrolla desde el nacimiento y comienza a manifestarse a partir de los 4 o 5 años.

A estas edades, 5, 6 o 7 años, un año es primordial para la adquisición de habilidades y capacidades y, cuanto antes se pueda intervenir, menos problemas tendrán los niños afectados en la clase, con sus profesores y en su rendimiento académico. Intervenir pronto es fundamental para el pronóstico.

Los niños con TDAH suelen ser niños que muchas madres llaman “culos inquietos” porque no paran en ningún sitio, no pueden guardar un turno, necesitan hacer las cosas aquí y ahora, de forma inmediata. Cambian de manera constante de juguete: tienen uno en la mano, lo dejan y cogen otro. Si ven la televisión, empiezan a ver una película y al cabo de diez minutos se distraen. Son incapaces de estar más de cinco minutos leyendo o empiezan una actividad a la vez que otra y no son capaces de realizarla de manera sostenida.

El TDAH es una de las patologías mentales que responde mejor al tratamiento desde el punto de vista farmacológico. La eficacia de los fármacos disponibles, como el metilfenidato, es alta, aunque también es necesario realizar una intervención en el ámbito familiar y  en el contexto escolar. Hay que tener cuidado con los posibles efectos secundarios del medicamento: pérdida de apetito, retraso en el crecimiento…La medicación sola no basta. Si un niño se sienta en el aula en primera fila, tiene menos posibilidades de tener un factor distractor. Si se puede eliminar la música y el ruido, también se distraerá menos, etc.

En el caso de estos chicos, es como si tuvieran un motor interno que va a más revoluciones de lo habitual. Y han nacido así, no son culpables. Hacen un gran esfuerzo y todo lo que hacen les cuesta entre tres y cuatro veces más que al resto de la población de su misma edad. Es de vital importancia tener en cuenta cualquier logro para mejorar su autoestima, ya que, por su manera de ser, a menudo rompen cosas y es fácil que tengan una baja autoestima. Por lo tanto, en clase hay que fomentar su reconocimiento. También es de gran ayuda que hagan actividades deportivas, donde pueden liberar una gran cantidad de energía.

La persona afectada con TDAH puede llevar una vida normal, aunque le cueste más que a otra, porque el mismo TDAH le limita y sus posibilidades sean menores. Además, aunque pueda hacer una vida normal y alcance cierto techo, los afectados tienen que estar por encima de la media para que se note y sea reconocido. El TDAH interfiere en su desarrollo.

Lo verdaderamente importante para estos niños son unas normas en casa muy concretas, unas formas de aprendizaje distintas;  el fármaco centra más a los chavales cuando éstos deciden centrarse, si viven en una desorganización constante, tanto escolar como familiar, el fármaco no hace milagros.

Se considera que un niño puede no ser lo suficiente hiperactivo como para que  se le note cuando juega en casa, pero sí en el colegio, donde debe permanecer muchas horas sentado y donde los maestros pueden detectar los casos más graves. El diagnóstico de TDAH tiene unos criterios tan flexibles que, de no ser un caso grave, significativo, puede ser mala educación, falta de normas, hábitos…., por eso los especialistas también se miden  a la hora de dar una opinión.

Junto con la formación de los profesionales, otros factores claves que contribuyen a mejorar la atención del TDAH son: su detección precoz, el tratamiento integral y el trabajo en equipo, tanto por parte de los médicos de atención primaria como de los pediatras, médicos de cabecera y psiquiatras, así como de los educadores y profesores. Esta colaboración multidisciplinar es necesaria.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *