Consejos educativos para la convivencia

  1. Hay que empezar con las normas en torno al primer cumpleaños. Padres e hijos tienen igual dignidad, pero no son iguales. Los hijos necesitan el liderazgo paterno, alguien que emite señales claras y reguladoras.
  2. Si notamos que el niño está demasiado mimado, debemos cambiar de táctica. Hay que ser más estricto y perseverante. Las normas del padre y la madre han de ser las mismas.
  3. Si el niño o joven no obedece o traspasa un límite, debemos imponerle un castigo. No hay que sentirse culpable, poner límites es parte del amor paterno.
  4. Debemos evitar ser ambiguos: poner un castigo y retirarlo de inmediato. Si imponemos un castigo, se debe hacer inmediatamente después de la trastada. Si no, el niño olvida el motivo y la medida no tendrá el efecto deseado.
  5. Si el niño tiene una rabieta, déjale que se desahogue, pero no permitas que te haga daño o rompa algo. Así le enseñas que sus sentimientos de rabia están permitidos pero no el hacer daño a nadie. Y no cedas ante sus deseos si la rabieta se originó porque le prohibiste algo. Al no ceder, el niño entiende que las rabietas no sirven para nada.
  6. Dale opciones. Por ejemplo, ¿cuando quieres limpiar tu habitación, esta mañana o esta tarde? A los niños les gusta tener voz y voto, y de este modo estarán más dispuestos a colaborar.
  7. Elógiale por su buena conducta. Los elogios le animan a comportarse bien.
  8. Las peleas entre los hermanos son molestas, pero tienen varias funciones: les enseñan a defender lo suyo, a buscar compromisos y a convivir. No intervengas rápidamente, quizá lo solucionen solos. Pero si se hacen daño, hay que intervenir. Deja que cada uno cunete su versión. Muchas veces esto es suficiente, y si no, proponles alguna solución.
  9. Debemos aceptar que con un adolescente el control paterno es menor. Le dajaremos un margen de libertad e intentaremos confiar en él. En  este periodo el joven necesita un cierto distanciamiento de sus padres para encontrarse a sí mismo.
  10. En casa de un adolescente va bien celebrar una reunión familiar de vez en cuando. Hablaremos de las tareas domésticas, de lo que va bien y de lo que no y sobre lo que cada uno quiere cambiar. Así, los jóvenes se sienten tomados en serio.

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