Niños felices y con criterio

Actualmente existe un consenso en el diagnóstico de una crisis de autoridad en España.  El sociólogo Javier Elzo opina: “Tras décadas de autoritarismo, los españoles huyeron de pautas restrictivas como padres y como enseñantes. La sociedad se convirtió en una de las más tolerantes llevando a una liberalidad a la que ahora se achacan los problemas de conducta de niños y jóvenes”.

Sin embargo no se ha perdido  del todo la autoridad y la disciplina, se ha perdido en las relaciones de proximidad, en la familia, en la escuela… pero la disciplina aplicada al control social crece: controles de velocidad, cierre de áreas a la circulación, controles en los aeropuertos….la ciudadanía está más controlada apelando a razones de seguridad.

Son necesarias unas pautas para el buen funcionamiento de cualquier organización social. Es necesario revitalizar el concepto de autoridad, de una disciplina que responda a la autoridad, no al poder. Las reglas de comportamiento se aprenden en la infancia y debe haber correción de comportamientos (lo que conocemos con el nombre de castigos). Deberíamos desterrar el castigo meramente sancionador y corregir haciendo comprender al niño que si se comporta así tiene consecuencias indeseadas. Y aquí radica la importancia de la autoridad: si el adulto carece de ella, el niño no le hará caso.

Si sólo aplicamos reglamentos y castigos no conseguiremos nada, debemos introducir en el niño y el joven la “responsabilidad“. La disciplina debe ser un camino para obtener un resultado que a uno le compensa, no debe ser una herramienta para mantener un orden establecido, no se trata de reinstaurar patrones de una sociedad pasada.

Los niños deben vivir en un contexto de respeto para que practiquen el respeto. Ni los educadores deben desautorizar a los padres ni estos a los anteriores. No es que los niños y adolescentes sean peores hoy que en generaciones anteriores, lo que pasa es que se ven abocados a vivir en una sociedad más compleja, diversa y contradictoria.

Las familias que muestran una mayor cohesión y menor conflictividad son las que usan el castigo sancionador o corrector, pero también resaltan lo bueno del niño, estando los padres implicados y supervisando la vida de sus hijos.

En recientes estudios se constata similares conductas antisociales entre los hijos de dos tipos de familias distantes:

  • La desestructurada, de escala socioeconómica baja.
  • La acomodada, de  padres muy tolerantes, que supervisan poco a sus hijos, no les castigan, pero tampoco les felicitan ni les prodigan muestras de afecto.

Debemos asumir que estamos en la sociedad del siglo XXI. La mujer trabaja y no debemos pedir que regrese al hogar para educar mejor a sus hijos, lo que hay que facilitar es que los hijos sean bien educados y que la madre (y elpadre) pueda pasar tiempo con ellos. Debemos articular en pautas modernas valores de siempre (esfuerzo, disciplina, rspeto, disfrutar de lo que tenemos…). Los valores de siempre son validos, pero explicitados de otra manera: “Piensa antes de actuar” “Rige tu vida por unos criterios” “Reconoce a las personas su valor”… Es más productivo enseñar a pensar  y discernir que adoctrinar.

Los niños necesitan ser aceptados, valorados, queridos, respetados y ayudados. De esa manera contribuiremos a su felicidad, a que tengan autoestima. Debemos enseñarle a pensar y a sentirse bien consigo mismo. Nuestro objetivo como padres es que sean felices, no debemos confundirlo con tenerlos contentos (tolerarles todo). No debemos hablarles en exceso cuando no se debe (en caliente) ni educar tan solo en función de nuestros miedos y deseos. Es muy adecuado enseñar a los niños a pensar, sino lo hacemos no  serán capaces de decidir en la adolescencia.

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