Educación emocional

educacion-emocionalCuanta más inteligencia emocional poseamos, mejor gestionaremos nuestros conflictos, relaciones e interactuaremos con nuestro entorno. Los seres humanos somos emocionales y saber canalizar las emociones nos hace, efectivamente, ¡más inteligentes!

A veces no es cuestión de leer más horas, de trabajar más duro, ni tan siquiera de exigirte más de la cuenta. Se trata de incidir en la educación emocional, que revierte de manera clara en los niveles de autoestima, en los hábitos de estudio y trabajo, en la seguridad en uno mismo y en una alta capacidad comprensiva. Además, el desarrollo de las competencias emocionales aumenta la expresión de las emociones, las habilidades que favorecen las relaciones interpersonales y el compromiso con el entorno y con uno mismo.

El ser humano, por naturaleza, es un ser emocional. Las emociones forman parte de nosotros y la gestión de éstas nos condiciona. Probablemente, cuando estás triste tu visión del mundo acostumbra a ser más bien negativa. En cambio, cuando alguna cosa buena te pasa el mundo se vuelve más perfecto y con un matiz más positivo.

No se pueden apartar las emociones de nuestra vida. Al no tratarlas y acompañarlas es cuando llega el caos, la serenidad y la asertividad nos abandonan y no nos ayudan a encarar las dificultades. Al trabajar la educación/inteligencia emocional se genera autoconfianza para afrontar mejor el presente que se va construyendo y día a día se labra una mayor autonomía para saber elegir la vida (y las emociones) que deseas llevar. ¡La autoconfianza es la base! Saber gestionar las reacciones así como desenvolverse con soltura en las situaciones facilita nuestra vida personal.

No sólo porque la empresa haya descubierto que invertir en mejorar nuestra vida socioafectiva es rentable, porque es indispensable tener en cuenta la dimensión emocional para la eficacia profesional y laboral. Las compañías demandan no sólo más conocimiento y preparación, sino también un mayor nivel de independencia, seguridad e iniciativa. Hoy se necesitan personas con un nivel adecuado de desarrollo sociopersonal, ya que a nivel profesional se tiende a incluir cada vez más todas las dimensiones de las competencias transversales y no sólo la competencia técnica.

Por tanto, si somos esencialmente emociones, ¡cómo no vamos a ponerlas como primera prioridad en la educación y formación si realmente queremos alcanzar la felicidad y la eficiencia!

Las emociones son acciones o movimientos, muchos de ellos públicos, visibles para los demás pues se producen en la cara, la voz, en conductas específicas. Trabajarlas nos dará esta seguridad necesaria para desenvolvernos. Ser consciente de nuestro interior nos hace más libres de los condicionantes externos.

En definitiva, cuando logras estar bien contigo mismo, el mundo se vuelve un lugar más acogedor en el que te deslizas fácilmente sin notarte bloqueado, tus relaciones se vuelven más plenas y tus conflictos se disuelven más cómodamente.

Nuestro sistema educativo está desarrollado pensando en unas necesidades específicas correspondientes a un contexto social y cultural muy concreto. Tradicionalmente se ha entendido que un niño era inteligente, cuando tenía un elevado coeficiente intelectual (CI), es decir, cuando sacaba buenas notas.

Sin embargo esta visión ha quedado desfasada, sobre todo si tenemos en cuenta que la inteligencia académica sirve de muy poco para poder navegar en este complejo océano en que se ha convertido el mundo en el que vivimos hoy. Los profesionales que realmente triunfan no son los que tenían brillantes expedientes académicos. Tienen otras cualidades mucho más importantes para el desarrollo personal y profesional, de entre las que destaca la inteligencia emocional.

Y ya no sólo eso, a nivel personal, ese tipo de inteligencia, basada casi exclusivamente en los conocimientos, no ayuda a ser más feliz ni con los hijos, la pareja, ni mucho menos, a sentirse integrado o reconocido en un determinado contexto.

Por ello, la educación emocional, la gran asignatura pendiente de las escuelas, no sólo es un aspecto esencial en el desarrollo personal, sino que  está perfectamente alineada con las necesidades y las demandas de los principales agentes educativos:

  • Los padres quieren lo mejor para sus hijos, buscan que sean buenas personas, que sean responsables, que tengan capacidades para “sacarse las castañas del fuego”, que sean íntegros, dignos de respeto, y sobre todo, que estén preparados para los retos del futuro.
  • Lo que la comunidad empresarial necesita, va mucho más allá de la capacidad de resolver problemas de matemáticas, analizar una poesía, o conocer los ríos de España. Lo que realmente quiere es contar con PERSONAS, trabajadores con carácter y competencia, que reúnan aptitudes que van mucho más allá de la titulación académica.
  • Lo que quieren los profesores no es simplemente enseñar por enseñar, sino que lo que enseñen sea relevante, lecciones que sirvan a los alumnos para salir adelante en la vida, tanto dentro como fuera del colegio, además de poder sentirse satisfechos, reconocidos y valorados en el trabajo que desarrollan.
  • Lo que los alumnos quieren es crecer y sentirse apreciados; quieren que se satisfagan todas sus necesidades, y que se les trate como personas completas; quieren tener una guía, una brújula interna que les permita orientarse por el camino que recorren.

 

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