La autoridad

¿De qué estamos hablando cuando hablamos de autoridad y disciplina?

Es evidente que la autoridad es inherente a la funcioón docente, pero esta, al ser prioritariamente educativa y preventiva, no puede asociarse a la de los policias y jueces, con cometidos básicamente –aunque no únicamente– punitivos. La proteccioón del profesorado ya está garantizada por la legislación civil, penal y laboral y, si cabe mejorarla, hay que plantearlo en el marco del futuro estatuto docente.


El centro del debate no hay que situarlo en la recuperación de los rituales del pasado –la tarima, el trato de usted, sino con la mirada puesta en el presente-futuro, porque el orden escolar es hoy muy distinto. El triángulo docente único – aula cerrada – alumnado homogéneo, del que se deriva un modelo de autoridad, ya no existe: los espacios son más abiertos, y las relaciones y mediaciones educativas son más complejas, con la pertinente redistribución de la autoridad, tal y como ocurre en otras instituciones sociales. Si, los rituales y las formas son importantes, pero con otras formas.

El reconocimiento a la autoridad no se impone por decreto sino que se logra día a día a partir de la ejemplaridad moral, la convicción y pasión por lo que se enseña, la empatía pedagógica, la escucha y la relación de confianza y respeto mutuo –nada que ver con el amiguismo, el coleguismo o el paternalismo–.
El alumnado asume más claramente sus derechos que sus deberes y responsabilidades. Hay que analizar qué cuota de responsabilidad tienen en ello las conductas adultas, así como las dificultades  familiares.

Hay que hacer visibles las situaciones de normalidad en los centros y, sobre todo, aquellas buenas prácticas que ponen de relieve que la mejora de la convivencia, las relaciones de autoridad respetuosas y positivas y los procesos de mediación consensuados repercuten en una disminución de los conflictos o en que estos no adquieran una mayor magnitud. Porque lo educativo no es recrearse en las miserias sino en las posibilidades de construir comunidades democráticas donde se respeten los derechos de todos los actores.

El logro más generalizado de nuevas relaciones de autoridad democrátiucas requiere tiempo, paciencia y mucha cooperación entre todos los sectores afectados. Porque el valor
de la educación es la apuesta por el futuro a largo plazo.

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