As redes sociais en Internet (I)

Las madres y padres de nuestros alumnos están preocupados por un nuevo elemento que ha aparecido en sus casas y en la vida de sus hijos y que no controlan, pero que se ha convertido en una parte esencial de la vida de sus hijos, y les hacía debatirse entre el impulso de la prohibición y la incertidumbre del no saber exactamente cómo “enfrentarse” a ese nuevo enemigo. Saben que se pueden perder mucho, pero no saben muy bien el qué o cómo hacer para no perdérselo y piden ayuda.

Es una evidencia que las Redes sociales están aquí y que nuestros alumnos/hijos las usan. Nuestra obligación como formadores es que aprendan a usarlas de forma adecuada, hay que educarles en el uso, pero no sólo a ellos. Nosotros mismos como docentes tenemos que formarnos y las familias también tienen que acompañar, deben saber qué hacen sus hijos en las redes sociales, quiénes son los amigos digitales de sus hijos, lo mismo que nos preocupamos de sus amigos analógicos. El acompañamiento digital es muy importante, pero todos tenemos que estar preparados para ello.

Lamentablemente los medios de comunicación, en líneas generales, no ayudan mucho. Es frecuente generar alarma social ante casos -que existen- de ciberbullying o de grooming, que está claro que forman parte de ese lado oscuro de Internet y que cada vez debemos intentar combatir con más fuerza, pero pocas veces se habla en positivo de las redes sociales: y es que no son pocas las posibilidades que nos ofrecen, sobre todo, la creación de grupos de personas interesadas en alguna temática común para trabajar de forma colaborativa.

Pero, ¿cómo debemos hacerlo? A través de la educación, informando a nuestros jóvenes del uso adecuado de las redes sociales, de lo que es su identidad digital, de la privacidad de los datos, de la seguridad para preservar los mismos…

¿La Preocupación? Por ejemplo Tuenti

¿El detonante? Aparte de la creciente influencia del nuevo elemento en la vida de sus hijos  y, como no, la alarma de algunos sucesos trágicos a nivel nacional que los medios de comunicación (de manera irresponsable) asociaron al uso de Facebook y Tuenti, en concreto la muerte de Marta del Castillo.

¿Cuáles pueden ser nuestros objetivos como educadores, delante de nuestros alumnos/as?

  1. Conseguir un mejor conocimiento de lo que supone una red social y cómo la información circula a través de ella (privacidad de los contenidos, posibilidad de acceso, etc.);
  2. Sensibilizar a los menores sobre el impacto real que tiene lo que escriben en la red sobre su vida en general.
  3. Intentar abrir la mente de los más jóvenes a otros posibles usos de esas redes más allá del mero uso lúdico.

La red no es un sitio aislado, ni diferente a la vida presencial y lo que pasa en ella es tan real como lo que pasa en la calle. Así mismo, moverse con cierta soltura e independencia dentro de estos contextos, es imprescindible para el desarrollo de los jóvenes en la sociedad que viven todos los días (siguiendo con el símil de la presencialidad, es como caminar por la calle o ir a una
cafetería/bar/discoteca) y, tal como hacemos en todos los ámbitos de su vida presencial, nuestra misión como educadores y padres pasa por acompañarles y servirles de apoyo para que se integren poco a poco en estos contextos y para que aprendan a moverse de forma responsable y segura en ellos.

Lo cual no implica que les llevemos de la mano siempre, ni que ellos nos vayan a dejar (como no lo hacen en la calle), pero sí que tengan claro que estamos ahí y que podemos ser un apoyo efectivo.

Las Redes Sociales no son las culpables, como se tiende a apuntar, no en último extremo. Se trata simplemente de una evolución de Internet donde confluyen una serie de servicios que ya venían existiendo, como la mensajería instantánea y la edición de blogs (con Messenger y Fotolog a la cabeza). Cierto es que hay otras opciones nuevas de alto valor añadido y potencia, pero en esencia estamos hablando de datos personales, de contacto con otras personas y de edición de contenidos. Nada nuevo antes de las Redes Sociales. Internet no es sino una gran Red Social y éstas subconjuntos a medida de la misma.

Lo que sí es cierto es que, por su finalidad, estas plataformas invitan a la participación activa, esto es, a conocer otras personas (formando la Red), a “subir” contenidos (cada vez más audiovisuales) tanto propios como ajenos, que además van trazando los perfiles e intereses de cada cual. Y en demasiadas ocasiones priorizan “su negocio” frente al de sus usuarios, en especial, de los menores, buscando tener más datos para vender y cruzar, intensificando al extremo las opciones de “conectarse con otra persona” incluso de forma transparente para el usuario, imponiendo condiciones de uso abusivas, potenciando indiscriminadamente las afiliaciones automáticas para ganar impactos publicitarios por volumen de usuarios. Y en este punto habría que sacar a colación el “interés superior del menor” promovido por la Convención de los Derechos del Niño y la responsabilidad legislativa de las instituciones, junto con términos como Responsabilidad Social Corporativa que las entidades, con legítimo ánimo de lucro, sería deseable observaran.

¿Cómo afectan las redes sociales a la seguridad de los menores?

Pérdida del criterio de referencia. Promueven más las relaciones entre personas a través de otras personas, por lo que se pierde el control directo de la referencia y el criterio de selección o confianza usado se diluye según los nodos se distancian. Ampliar relaciones es en sí positivo, pero el efecto negativo es más probable cuando no se ha podido usar el propio criterio de filtrado, sino uno inducido, digamos “transitivo”. Ejemplo: por cortesía o costumbre abrimos nuestra Red a cualquier amigo de un amigo que nos lo pide… y resulta que nos tenemos que remontar tres niveles para ver cómo entró en nuestra red, y con ello, el criterio de filtrado se ha desvirtuado varias veces.

Exceso de operatividad sin intervención directa y consciente del usuario. Disponen de demasiadas funciones automáticas que el usuario novato desconoce. Ayudan a crecer a la Red, y en teoría a la función relacional de la misma buscada por los propios usuarios, pero también a potenciar la propia plataforma. Ejemplo: me doy de alta en la Red X y salvo que preste atención para impedirlo (si es que conozco que lo hace) serán invitados de manera automática a unirse a mi red (lo hagan o no ya saben, cuando menos, que yo me he dado de alta) todas las personas que tenía anotadas en mi servicio de webmail (tipo hotmail, gmail…) si es que las compañías respectivas llegaron a ese acuerdo al que yo les autoricé, seguro, aceptando sus condiciones generales que no llegué a leer.

Funciones demasiado potentes y de efectos desconocidos a priori. Existen posibilidades en exceso avanzadas para compartir todo tipo de cosas. Estas ‘gracias’ que el programa nos prepara pueden ser un grave problema, sobre todo para quien desconoce su funcionamiento. Ejemplo: si te etiquetan en una fotografía (cosa que tú desconocías que se pudiera hacer) y tienes el perfil más o menos abierto, es como si la pusieras tú mismo a la vista de mucha gente. Significa esto que alguien ha decidido por ti qué hacer público y, además, compartirlo, porque sale o no, contigo, en esa fotografía.

Concentran el universo de relaciones de manera intensiva. De sobra es conocida la escasa perspectiva que tienen los menores de la repercusión y alcance de lo que publican. Cualquier cosa en la Red puede tener un eco brutal. Si eso afecta directamente a ‘mi red’, el efecto puede ser demoledor, como el de un veneno concentrado, selectivo. Ejemplo: una calumnia en una página web puede tener más o menos eco, pero si se vierte en el contexto de tu Red, el efecto es mucho más rápido y doloroso, aunque no lo pueda ver tanta gente.

Guardan, explícitamente o no, información muy precisa. Basan las relaciones en el perfil, intereses y actividad de los usuarios por lo que les requieren muchos datos y les registran sus acciones dentro de la propia Red. El usuario es víctima de un rastreo intensivo (atención, como lo es en los videojuegos y otras muchas actividades online que requieren identificación previa) que adecuadamente tratado puede crear una información de mucho más valor que la explicitada. Ejemplo: desde que entro en la Red pueden quedar registrados mis movimientos e intereses de todo tipo más allá de la información del perfil que de forma voluntaria proporcioné (dónde pincho, con quién hablo, cuánto tiempo dedico…).

Presentan al usuario las opciones de manera demasiado interesada, lo que suele implicar pérdida de privacidad. Tras una supuesta intención de ayudar y agilizar, suele ser política común de las plataformas de Redes Sociales ayudarse a sí mismas. Así, pondrán muy poco énfasis en que el usuario configure las opciones de privacidad de los datos y, sin embargo, insistirán en que completemos los perfiles con todo tipo de cuestiones. Ejemplo: al darme de alta me preguntan datos de lo más variado sin los que no me dejarían registrarme, tras lo cual podré empezar a utilizar la Red sin haber configurado de forma explícita con quién y qué tipo de datos personales o de actividad quiero compartir.